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Opinión

CES en Nueva Comisaría de Colina

Por Carlos Bascou B. 



Gerente general de Constructora Basco, representante de la CChC en el Comité Directivo CES y director suplente IC en representación de la CChC.
Carlos Bascou BUna comisaría nueva, clave y anhelada para la zona norte de Santiago, está pronta a ser inaugurada y puesta en funcionamiento. Pero no solo los 2.800 m2 de construcción, una dotación 180 Carabineros y una inversión en construcción de $2.890 millones destacan en este nuevo edificio, sino que esta nueva obra ha sido concebida desde su origen como un edificio sustentable y que por lo tanto se sumará a una incipiente nueva lista de edificios certificados que podrán destacarse durante todo su ciclo de vida por una baja demanda en energía y recursos naturales, además de impactos positivos en la calidad de vida de sus usuarios y del medio ambiente, gracias a la decisión de haberla incorporado al sistema de Certificación Edificio Sustentable (CES).

Este proyecto, liderado por el Ministerio de Obras Públicas (MOP) y financiado mayoritariamente por el GORE de la Región Metropolitana, fue adjudicado luego de un proceso de licitación bajo el sistema de pago contra recepción a la empresa Basco S.A. quien debió competir no solo con la oferta económica, sino que también con el proyecto desarrollado en base a los términos de referencia entregados por Carabineros y el MOP.Columna

Sin embargo, el desafío esta vez era diferente, pues no solo se debía optimizar un proyecto buscando ser la oferta más competitiva, sino que además integrar de manera holística a todas las especialidades, buscando la optimización arquitectónica del recinto, incorporando esta vez los distintos aspectos de sustentabilidad ponderados y evaluados bajo el sistema CES.

Fue así como este particular recinto de múltiples tipologías de uso, tales como oficinas, zonas de pernoctación o salas de atención al público 24/7, entre otros, debió definir una estrategia de eficiencia energética para el edificio completo, habiéndose mantenido los costos alcanzados en proyectos similares, gracias a la optimización de los equipos, y un uso adecuado y protagónico de la arquitectura pasiva, que es en definitiva la que determina mayoritariamente los niveles de certificación CES.

El haber integrado en la licitación el precio de la oferta, el proyecto y la exigencia de certificación, no solo permitió acortar significativamente los tiempos del proceso, sino que además optimizar sus costos -alcanzando precios equivalentes al de proyectos no certificados- y, sobre todo, garantizar menores demandas de energía, impactos medio ambientales y mejoras significativas en la calidad de vida de sus usuarios.

Como lo ha mostrado la experiencia en otros países que han impulsado sus sistemas de certificación como el LEED estadounidense, BREEAM del Reino Unido, BEAM de Hong Kong y varios otros, son precisamente los proyectos públicos los que han liderado su implementación y uso en fases iniciales, gracias a la exigencia y compromiso del mandante estatal; pero que, en definitiva, han demostrado al sector privado y a los usuarios -y por ende al mercado-, que hoy sí es posible lograr altos estándares en materias de ahorro energético y calidad de vida interior para todo el ciclo de vida de una edificación.

Columna 2Por último, organismos internacionales como la ONU y la Global Alliance for Building and Construction (GABC) han estimado que la energía usada en edificios y el sector construcción en general corresponde a un tercio de la generada a nivel global y casi un 25% de la emisión de Gases de Efecto Invernadero. Por ello, como país, sectores públicos y privados y académicos; empresarios y usuarios, podemos tomar este desafío con amplios espacios para mejorar, limitando nuestros impactos medioambientales, mejorando la calidad de vida de las personas y comprometiéndonos con un mejor futuro para nuestro planeta.

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